BALASTO

A primera vista parece que todos los balastos son iguales y que siempre ha sido así. Para mi sorpresa al ver fotografías antiguas he podido comprobar que no lo es. De hecho, en la época del vapor era muy común tapar las traviesas con balasto para protegerlas de las escorias que se desprendían de las locomotoras con la finalidad de impedir que se incendiaran. O que en las zonas de andenes algunas fotos revelan que los componentes son más compactos y que en las zonas de vías muertas o de estacionamiento el balasto como tal puede que ni esté presente. Y es sorprendente lo sucísimo que solía estar el balasto.

Un artículo muy interesante sobre el tema de V.Ferrer aquí coincide con lo que comento.

De momento en mi instalación sólo he usado dos tipos de balasto.

En las vías de circulación una mezcla que incluye partículas de 1 a 0,5 aproximadamente enrasadas entre las traviesas y que se aplica de una sola vez. Esta mezcla y forma de dejar el balasto no presenta dificultad de ningún tipo. El motivo de no cubrir las traviesas con balasto (como debería ser en mi caso) es doble, no quedan bien las piedrecillas de 1mm encima, y aplicar la mezcla hasta el carril es imposible ya que las pestañas de las ruedas rozan constantemente. Aunque queda menos real para la época es conveniente en este caso colocar el balasto según norma: entre las traviesas.

En las vías de estacionamiento de los andenes  una mezcla más heterogénea que se aplica en varias capas, incluyendo al final carbón vegetal machacado. Por fases:

– una primera capa de 1 y 0,5mm de manera que no llegan a la parte alta de la traviesa.

– una segunda capa de gravas de menos de 0,4 incluyendo las más finas (las que pasan por el cedazo nº60). Esta capa hay que aplicarla con cuidado para que no se acerque demasiado al carril pero cubra parcialmente las traviesas.

– primera aplicación de fijador para balasto.

– cuando ha secado dejo caer sobre algunas zonas otra vez gravas de 02 y 0,4 aquí y allá, y algo (muy poco) de la primera mezcla de gravas más gruesas.

– segunda aplicación de fijador donde se ha añadido nuevo balasto.

– machaco carbón de barbacoa (vegetal) que separo, por un lado los materiales de menos de 0,4mm y por otro el menudillo que contiene los que oscilan entre 1 y o,5mm. El uso del carbón vegetal es porque al no ser graso como el mineral, se queda bien sujeto al aplicarle el fijador.

– con un pincel plano aplico apretando el polvillo del carbón que he machacado y añado por encima algo del menudillo, tanto por fuera del carril como en el interior, entre las traviesas y sobre ellas.

– nueva capa de fijador para balasto… pero rebajado con algo más de agua, únicamente donde asoma el menudillo.

Para cada capa de balasto que aplico antes de dejarle caer el fijador me aseguro de que las gravas no están en contacto con el carril repasando con un pincel plano, y apartando las gravas que quedan demasiado cerca. Hay que tener en cuenta que al aplicar el fijador se suele dar un fenómeno de “migración” de las piedrecillas hacia el carril arrastradas por la disolución fijadora. Si la grava queda ahí la pestaña de la rueda podría golpear… por tanto hay que apartar bien cualquier partícula.

Al final siempre hay que repasar las caras interiores de los carriles porque suelen quedar pegados algunos trocitos de menudillo.

En las vías muertas y de servicio básicamente será como la anterior pero usando más grava fina en la última capa, lo que le dará un aspecto más compacto… y mucha guarrería por todos lados.

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En la foto  puede verse la diferencia de balastos: mezcla de gravas naturales de 1 a 0,5mm en a parte alta e izquierda, típica de las vías de recorrido entre estaciones, y de mezcla fina en la parte de abajo a la derecha más común en vías muertas o de garaje.

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El  carbón caído sobre las vías, donde más estacionan las locomotoras.

 

 

 

 

 

 

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